Hay destinos que se ponen de moda de un día para otro y otros que, sin hacer ruido, van creciendo al ritmo de quienes los descubren. Malasia pertenece a este segundo grupo.
Malasia es un país que combina ciudades bulliciosas y arquitectura colonial con plantaciones de té, islas tranquilas y selvas vírgenes habitadas por orangutanes, tribus aisladas y espectaculares puntos de buceo. Y, sin embargo, sigue siendo sorprendentemente poco turístico.
Y resulta curioso, porque hablamos de un caleidoscopio de gentes y culturas que, dividido entre la península y Borneo, ofrece una asombrosa variedad de microcosmos: desde los rascacielos futuristas de Kuala Lumpur a los lugares comunes tradicionales del Sarawak. El país es un mosaico de etnias, religiones y paisajes, como si cientos de países se hubieran fundido en uno solo. Quizás sea esta la razón por la cual suele superar las expectativas de quien lo visita.
Malasia es el destino perfecto para viajeros y viajeras que buscan rutas alternativas en el sudeste asiático, lejos de los itinerarios más turísticos. Si eso es justo lo que estás buscando, ahora es el mejor momento para reservar tu viaje a Malasia.
¿Qué ver en Malasia?
1. Kuala Lumpur, acero, incienso y comida callejera
Imagínate una película futurista en la que, sobre el skyline de una gran ciudad, brillan las Torres Petronas, dos edificios de hormigón armado, acero y vidrio que evocan motivos tradicionales del arte islámico. Pero basta adentrarse un poco más para descubrir otra ciudad. En Merdeka Square, la historia colonial se abre paso entre edificios modernos y en Bukit Bintang, el bullicio de los centros comerciales se mezclan con los aromas de los puestos callejeros.

En los animados puestos de comida callejera y en los modernos restaurantes de la ciudad, disfrutarás de los sabores intensos de la gastronomía malaya: desde el Asam laksa, fideos gruesos de arroz con caldo de pescado y verduras, hasta el Cendol, finas tiras de harina de judías en leche de coco, pasando por el Hinava, pescado crudo marinado con zumo de lima, y el Maggi goreng, el popular tentempié nocturno de la ciudad.
A unos 13 kilometros al norte de Kuala Lumpur, encontramos las Batu Caves, un conjunto de cuevas y templos hinduistas que recuerdan que Malasia es un país donde conviven religiones, lenguas y tradiciones sin fricciones aparentes.

2. Melaka y George Town: dos ciudades que cuentan la historia del mundo
Melaka y George town son dos ciudades que representan perfectamente la esencia multicultural del país y ambas son patrimonios de la UNESCO.
En Melaka, los vestigios arquitectónicos portugueses, holandeses y británicos son el espejo de un pasado colonial, pero también son un collage de culturas palpable en todo su casco histórico.

En George Town (Penang), en cambio, la historia se mezcla con el arte contemporáneo: sus murales —convertidos ya en iconos del street art asiático— conviven con templos chinos, mansiones coloniales y cafés con una exquisita gastronomía local.

3. Entre plantaciones de té y selvas milenarias
Pero Malasia no es solo ciudades. En Cameron Highlands, todo es paisaje y naturaleza: las temperaturas bajan, el verde se vuelve más intenso y las plantaciones de té dibujan un paisaje ondulado que invita a caminar sin prisa.

Lo mismo se puede decir con Taman Negara, una de las selvas más antiguas del planeta. Allí, el silencio no existe: siempre hay un crujido, un canto, un movimiento entre las hojas. ¡Ojo! No se trata de un ruido metropolitano, sino natural. El mismo que se puede oír cuando caminas por sus pasarelas suspendidas sobre la copa de los árboles: una experiencia imprescindible.

4. Borneo, la última frontera
Y finalmente, el fascinante Borneo: la tierra salvaje, exótica y peligrosa donde el escritor italiano Emilio Salgari cuenta las aventuras de su personaje más famoso: Sandokán, el Tigre de Malasia. Quien cruza el Borneo malayo (Sabah y Sarawak) descubre un mundo aparte. Aquí viven los orangutanes en libertad, los ríos se abren paso entre selvas densas y las comunidades indígenas mantienen tradiciones que han sobrevivido a siglos de cambios. Es un territorio poco accesible, misterioso, pero precisamente por ello, muy auténtico.

Moderna y salvaje, urbana y ancestral, multicultural y tranquila: Malasia es ahora mismo un país que se abre al turismo sin haber perdido su esencia. Es un lugar que sorprende incluso a los viajeros y a las viajeras más experimentadas. ¿Quieres que sea tu próximo destino?

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