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Viaje a Antártida a medida

La Antártida, o continente blanco como se lo suele denominar, ha sido foco de interés de la comunidad internacional desde su descubrimiento. Aún hoy sigue maravillando su belleza natural, que como expresa el autor Sabaté Lichtschen1 “no podrían concebir ni la imaginación del poeta ni la fantasía del pintor”, y alimentando la avidez del ser humano por extender su conocimiento del mundo que lo rodea, aventurándose cada vez más.

Este interés que fuera sólo económico a fines del siglo XVII, con la caza de ballenas y focas, fue transformándose con los primeros desembarcos y exploraciones en el continente, a principios del siglo XVIII, que llevó a conocer la existencia de diversos recursos naturales y fue acrecentando el interés por investigar científicamente las nuevas tierras y así comprender la importancia de esta región, a fines de dicho siglo y hasta nuestros días en virtud de los avances tecnológicos alcanzados por el hombre.

Es así que los Estados han buscado la forma de actuar en conjunto, cooperando en sus investigaciones, preocupándose por crear un marco jurídico que permitiera la protección de este invaluable espacio natural, obligándose a través de pactos, tratados, convenciones a respetar, proteger y preservar los recursos de la región y mantenerla fuera de las acciones bélicas, en fin, de todo accionar humano que pusiera en peligro el equilibrio natural existente.

Esta importancia que se otorga al continente no es producto de ideas sino de realidades, hoy palpables para el ser humano al encontrarse con las consecuencias de su accionar irrespetuoso hacia el medio ambiente que lo rodea y le provee los recursos para subsistir ¿Cómo no proteger aquello que nos permitirá continuar existiendo como especie?

Lógico es entonces el convencimiento de los Estados en preservar este sector que es entre otras cosas la reserva más importante de agua dulce ( aproximadamente el 90% del mundo), y los esfuerzos, no exentos de dificultades en virtud de intereses económico-políticos por controlar el cumplimiento de los principios convenidos, han ido en aumento desde la Segunda Guerra Mundial para el logro de un sistema efectivo de protección de la región que como reza el preámbulo del Tratado Antártico : ” Reconociendo que es de interés de toda la humanidad (…)”.

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